La soledad, pandemia del Siglo XXI

Marina Giménez

El fenómeno de la soledad se ha ido extendiendo a un nivel tan rápido que casi podría considerarse como la pandemia social del Siglo XXI. Sin embargo, el tipo de población que es más vulnerable a este fenómeno es la tercera edad. Hoy en día un gran número de ancianos es ingresado en centros geriátricos, quizás esto se deba al estresante ritmo de vida de las personas actualmente que apenas dejan tiempo para cuidar de sus mayores, o simplemente por comodidad. Pero, ¿se siente solos los ancianos en estos centros? O por el contrario, ¿siguen sintiendose dentro del núcleo familiar?

Según el manual Gestión asistencial de residentes para mayores (Eulen Servicios Sociales y Sanitarios Ars Medica 2003), el perfil de los residentes que viven en una residencia suelen pertenecer a los siguientes grupos poblacionales: población autónoma sin condicionantes, frágil, con discapacidad física o psíquica (leve, moderada o grave), con síndromes geriátricos (caídas, úlceras, inmovilismo, etc),con condicionantes sociofamiliares o independientes que ingresan para acompañar a un familiar discapacitado.  Por lo que las personas que se encuentren en este perfil son más vulnerables que el resto a sentirse solos, por el simple hecho de no encontrarse dentro de su hogar.

Jessica Mula, psicóloga que trabaja para cuatro centros geriátricos de la provincia de Alicante, asegura que el anciano comienza a sentirse indiferente ante los demás cuando no recibe ninguna visita, no tiene llamadas de teléfono, no recibe cartas etc, entonces empieza a pensar que ya no tiene presente sino sólo pasado.

De esta manera, la soledad puede apreciarse en los ancianos en tres niveles que están interrelacionados: físico, psíquico y social.

A nivel físico las consecuencias negativas con las que la soledad se ha relacionado con la enfermedad crónica y con la salud percibida en personas mayores y los investigadores sugieren la existencia de una importante relación entre soledad y bienestar psicológico.

Algunas de las características que pueden apreciarse en los ancianos cuando se sienten solos son:

–       Debilidad del sistema inmunológico, lo que aumenta el riesgo de padecer ciertas enfermedades.

–       Hipertensión.

–       Dolor de cabeza.

–       Problemas de corazón.

–       Dificultades digestivas.

–       Problemas para dormir.

–       Baja respuesta inmune al estrés.

–       Problemas de cognición.

–       Etc.

“Una persona mayor que se siente sola se muestra apática, por tanto, tiene dificultades para emprender el día con ilusión. Así, cada mañana siente tristeza, pereza y angustia a la hora de levantarse de la cama”, explica Jessica Martínez, enfermera que actualmente trabaja para un centro 24 horas de personas mayores.

A nivel social algunas de las consecuencias pueden ser:

–       Marginación social.

–       Creencias de ser rechazado.

–       Aumento del uso de los servicios médicos.

Una enfermedad física puede aliviarse mediante el uso de un medicamento y el tratamiento médico adecuado, sin embargo la soledad sólo puede aliviarse mediante el cariño, el consuelo, la compañía o el afecto”, asegura Mula. También, explica que a nivel general las estrategias para afrontar la soledad son diferentes para cada persona; además están en función de los recursos del centro geriátrico y de la sensibilidad e intereses de cada uno:

Muro, afirma que las residencias de la 3ª edad utilizan una serie de tácticas muy básicas para combatir este fenómeno, entre las que se encuentran:

–      El desarrollo de actividades, ver la televisión, escuchar la radio, la comunicación telefónica, la participación en actividades culturales o de ocio, etc. serían recursos que ayudan a la necesidad de vivir estimulado y no caer en la soledad.

–      El trato con la familia. Ésta juega un papel fundamental, de hecho se la puede considerar el principal soporte social del anciano. Por ello se promocionan las visitas, la participación en actividades del centro (fiestas, cumpleaños, Consejo de Usuarios…), etc.

–      Tener un círculo de amistades con el que poder intercambiar información, realizar actividades de ocio y tiempo libre puede ser muy importante también.

La labor del trabajador social

Una persona que es fundamental dentro del centro geriátrico es el trabajador social. Éste es el encargado de dar apoyo y mediar entre la familia y el residente. Este profesional puede detectar un cambio de estado que precise la intervención de otros profesionales de la salud pero, sobre todo, tiene una visión global de la persona que considera la situación real en la que se encuentra en un momento dado y las evoluciones de estas situaciones.

Paula Ferrando, trabajadora social que asiste profesionalmente en tres centros geriátricos, asegura que aproximadamente el 80% de los residentes de una residencia mejoran físicamente los días posteriores a una visita de un ser querido. “Cuando una persona mayor es ingresada en una residencia sale del núcleo familiar, de una manera u otra se desvincula, por eso hay que explicarle a las personas que tienen que venir a ver a sus familiares porque éstos les echan de menos”, asegura Ferrando.

 El trabajador social es responsable de hacer un  libro de visitas en el que registra quien visita a los residentes, la frecuencia de las visitas etc. Ferrando reconoce que hay familias que van todos los días y otras que ni aparecen. “Tampoco es bueno que los familiares vayan todos los días porque entorpecen el funcionamiento de las actividades del centro”, asegura. Lo ideal sería que hicieran sentir a sus mayores parte de la familia, que no los visiten por obligación, que si no pueden visitarlos realicen llamadas, así no supondría una carga a la familia y el anciano se sentiría parte del núcleo familiar.

 Josefa Armengol, tiene cinco hijos y es residente de un centro geriátrico. Ella asegura que entiende que debido al trabajo sus familiares no puedan ir a visitarla tanto como ella quisiera, pero insiste en que las personas que se encuentran en la residencia son su familia. Muro asegura que esta reacción es normal, que los ancianos suplen esa falta de cariño y la enfocan a los trabajadores y demás residentes de los centros.

–      Otras de las actuaciones que se pueden hacer desde la residencia son:

  • Animar al residente a que participe en actividades lúdicas como juegos, actividades, excursiones, etc.
  • Mantener una higiene y arreglo personal para que no sea una causa de aislamiento social.
  • Conocer sus gustos y aficiones.
  • Poner en práctica los programas de actividades para ocupar su tiempo libre (animación sociocultural, estimulación cognitiva…).
  • Animarlo a realizar actividades útiles que le reporten satisfacción personal, como jardinería, manualidades, etc.
  • Mantener sus aficiones y se le ayuda a fomentar sus hobbies.

María José Eslava, terapeuta ocupacional de dos residencias, admite que su objetivo es llevar las actividades lúdicas que desarrolla al máximo número de residentes. También hay que entender que no es siempre es fácil esta labor porque algunos ancianos se niegan a participar “se hacen muy cómodos”, señala.

También es importante reconocer las manifestaciones de dependencia que puedan presentarse como por ejemplo, la incomunicación debida a perdidas sensoriales, problemas del sistema nervioso, depresión, así como aquellos trastornos orgánicos (accidentes cerebrovasculares, cataratas, inmovilización, traumatismos, uso de fármacos hipnóticos y antidepresivos, ansiedad, estrés y sentimiento de culpa) que puedan dificultar la comunicación. Todo ello se conoce a través de entrevistas y valoraciones de los diferentes profesionales del centro. Para ello, el psicólogo utiliza habilidades de escucha activa. Establece una relación terapéutica y pasa tiempo con el usuario.

Según un estudio de 2009 de la Universidad de Chicago, la soledad es como una enfermedad: produce malestar físico y se contagia. Durante 60 años esta institución elaboró un gráfico con datos de más de 5.000 personas en el que se muestra que las personas solitarias que se alejan de sus familias acaban influyendo en sus allegados. Los investigadores de este estudio consideran que esta expansión puede hacer peligrar el tejido social general.

Partiendo de este estudio habría que tomarse en serio las técnicas empleadas para que las personas no se sientan tan solitarias (sobre todo mayores) y hacer entender a las familias lo necesario y gratificante que es una visita o una llamada de teléfono para un residente.

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