La vulnerabilidad de los más pequeños

«Los niños son el único colectivo vulnerable de por sí», afirma Salomé Alonso, Técnica Provincial de Infancia y Juventud de la Cruz Roja, por ello necesitan más que nadie apoyo y atención. Desde la Cruz Rojade Alicante llevan a cabo una campaña de sensibilización a favor del acogimiento familiar en toda la provincia. En la ONG conciencian de la importancia del voluntariado familiar “porque para el desarrollo humano de los niños es necesario que tengan unos referentes, una familia que les enseñe y les de calor humano”, explica la trabajadora social. A pesar de ello el acogimiento familiar, sigue siendo desconocido de cara a la sociedad: “la gente no sabe que en su misma ciudad hay niños en centros de acogida que están esperando una familia”, declara la experta.
El único requisito para ser familia de acogimiento es tener estabilidad económica para mantener al menor, por lo demás cualquier modalidad de familia moderna puede participar en el programa. El voluntariado familiar comienza con una formación de la Consellería de Bienestar Social y una serie de entrevistas. Durante el proceso de aceptación, Consellería realiza un perfil de los voluntarios para saber que tipo de niños y de que edades pueden asumir a su cargo. Cuando aparece un niño que cumple las características de este perfil, comienza el acercamiento, paso a paso para asegurar el éxito del acogimiento. Ser familia educadora significa acoger a un menor que por ciertas circunstancias ha tenido que salir de su familia y que durante un tiempo, o de forma permanente necesitan un hogar.

Hay varios tipos de acogimiento familiar: dos principales. Por un lado, el acogimiento simple, que se caracteriza porque cuando el menor va a la familia, hay una fecha de inicio y otra de fin, ya que la familia biológica necesita un tiempo para recuperarse de una mala situación. Por otro, el permanente, en el que hay menos posibilidades de que el menor vuelva con su familia, y es de duración indefinida.

Cruz Roja ha sensibilizado hasta el momento a unas 4.000 personas, confían en que “han plantado 4.000 semillas que puede que algún día salgan adelante”.

Alicia Sirvent y Roger Costa, decidieron hacer la formación hace cinco años y ya han pasado por su casa 15 niños. Actualmente tienen una niña de 5 años en acogimiento permanente, y también son de la modalidad Urgencia- Diagnóstico, ofreciendo así atención inmediata a los menores de entre 0 a 3 años para evitar su institucionalización.

Cuando hicieron la formación se dieron cuenta de la falta que hacen las familias. Para mi es algo muy fácil, solo les das tu día a día”, cuenta Alicia.

Aunque ella reconoce que a veces es complicado porque los niños tienen que encajar las visitas de los familiares. Pero el proceso de acogida es una continua y mutua adaptación, y esta familia educadora afirma que los niños se adaptan en seguida “porque es lo que deberían haber vivido desde el principio”. Alicia Sirvent cuenta como nivel de salud también se aprecia la evolución en los niños, comen mejor y están más tranquilos.

Para Alicia y Roger es muy fácil ayudar a la infancia, pero la realidad es que hacen falta más familias para los niños en desamparo. Muchas familias no dan este paso principalmente por desconocimiento.

Lo que también echa para atrás a algunas familias es el hecho de que los niños vienen y se van: “los tomamos como si fuesen nuestros y no lo son, tenemos que apoyarles el tiempo que necesiten”, aclara Alicia Sirvent. Ellos admiten que las despedidas son difíciles, pero según Roger Costa la satisfacción final merece la pena.

Otro aspecto que preocupa a los indecisos es que sean niños problemáticos, pero Alicia comenta que “al fin y al cabo, son niños, ellos solo quieren amor, pero hay que educarlos”. Algunos niños llevan arrastrando una “mochila” emocional y son casos más complicados, pero la madre educadora piensa que en esos casos es precisamente cuando más necesitan tener un referente, alguien que les ayude. Según Roger y Alicia es de gran importancia en la educación de los niños, es contarles su historia, “ellos tienen que saberlo todo, sin maquillarlo, porque es su vida”, declara Sirvent.

De cualquier forma esta saben que su ayuda siempre tiene frutos y para ellos la mejor recompensa es cuando a ver a los niños y les abrazan. La buena experiencia que ha tenido la pareja ha animado a varios amigos suyos a dar el paso de acoger a menores. Para los indecisos, ellos recomiendan paciencia, ganas y tener claro que «para los niños es mucho más difícil que para nosotros, porque nosotros somos conscientes de lo que hacemos, pero a ellos nadie les ha preguntado».

«Ellos son nuestro futuro y tenemos que luchar para que sus primeros años de vida vivan felices, con el calor y el cariño que necesitan», concluye Alicia.

Otra familia educadora, aunque esta más principiante, es la formada por Aurora Chumo, Antonio Yáñez y su hijo de 11 años Ángel. Antonio Yáñez, el padre de acogimiento lo define como «una experiencia intensa, te crees que estás ayudando a los niños, pero son ellos los que te ayudan a ti». Ellos de momento solo han tenido un acogimiento, una niña que llegó con 16 meses.

Para Antonio la misión que tienen como familia de acogida es preparar al menor para que pueda volver a su situación normalizada, ya sea con su familia o con una de adopción. «En ningún momento quieres quedártelo, solo prepararlo para que ese proceso lo haga mejor» añade. En el acogimiento nunca estás solo, los profesionales que te hacen un seguimiento 24 horas te ayudan en todo momento, comenta Antonio Yáñez.

El progreso de la pequeña durante su estancia fue evidente: «Cuando llegó no andaba, en dos semanas empezó a andar y se fue corriendo” señala emocionado el padre educador. Antonio Yáñez aconseja a todo el mundo que lo probar el acogimiento, aunque sea solo un fin de semana, “si lo pruebas te enganchas seguro”.

Antonio y Aurora ya están pensando en repetir la experiencia: «Una vez lo pruebas, es difícil no seguir en el acogimiento» afirma Yañez. “A veces no es fácil, pero eso no significa que no sea una buena experiencia, es maravillosa y queremos seguir así hasta que se pueda”, explica la madre de acogimiento.

La familia Yáñez-Chumo, también opina que el desconocimiento es uno de los principales motivos por los que faltan familias voluntarias: “nos preguntan de qué país son los niños, porque piensan que aquí no hay menores en esta situación”, cuenta Aurora Chumo.

La mayor satisfacción que les aporta el acogimiento es ver el resultado, aunque se vayan, ver que se ha solucionado su situación “y que van a vivir estupendamente”, explica la voluntaria. En definitiva, ellos ven el acogimiento como una forma de dar oportunidades.

Su hijo Ángel también vivió la experiencia intensamente, de hecho, fue el primer vínculo que tuvieron con la niña. “Él le ofreció un muñeco sin cabeza, y después de haberle enseñado otros muchos juguetes, ese fue el único que le gustó. Así empezó todo”, cuenta divertida Aurora Chumo.

En Alicante, a pesar de la gran labor que realizan por los menores 196 familias educativas , 178 ordinarias, 10 de Urgencia-Diagnóstico y ocho de Especializado, actualmente hay 476 niños repartidos en los centros de acogimiento de toda la provincia que necesitan un hogar, según la Consellería de Justicia y Bienestar Social. Los más pequeños necesitan que la sociedad siga luchando por ellos y haciendo todo lo posible para protegerlos.

La otra perspectiva del acogimiento

¿Cómo se sienten ellos cuando van a parar a una familia de acogida? Meredes Saavedra tiene 19 años y lleva desde los seis con una familia educadora, formada por sus padres de acogida y dos hermanas mayores. Ella aún recuerda la confusión con la que llegó: “intimida un poco, no sabes si confiar, pero poco a poco te das cuenta de que lo puedes hacer perfectamente”, declara la joven. Para Merche lo más difícil fue la adaptación, todo era nuevo: la familia, el colegio,etc. “pero es cuestión de acostumbrarse, como todo aprendizaje”, explica.

Al principio, Saavedra se sentía incomprendida, pero con el tiempo se fue dando cuenta de que era una más y que podía contar con su familia incondicionalmente. Lo que más ayudó en su nueva vida fue la comprensión y el apoyo de su familia, que se pusiesen en su lugar. Algo que también le facilitó la adaptación fue que le explicasen todo el procedimiento desde el principio: “yo no tenía ni idea de que iba a ser de mi y el seguimiento, en el que me explicaban todo me ayudó mucho a entenderlo”, la joven.

Lo que Merche siente hacia su familia de acogida lo tiene muy claro, “ellos lo son todo y me lo han dado todo. Siempre he sido y seré una más de la familia”. Cuando esto se lo expresa a su familia, cuando les dice que no sabe que haría sin ellos, siempre recibe por respuesta un: “Todo lo contrario, enseñándote hemos aprendido”.

Mercedes Saavedra junto a sus hermanas hace años.

Para Merche Saavedra hace falta más difusión y más campañas de concienciación sobre el acogimiento, ya que se suele confundir con la adopción.

Legalmente el acogimiento familiar dura hasta la mayoría de edad del menor, pero siempre se puede elegir seguir después de ese momento. En el caso de Merche, cuando cumplió los 18 años, su familia le dijo estarían encantados de que siguiera viviendo con ellos, y ella no dudó ni un momento, porque son su familia, “y eso no cambiará nunca”,
afirma rotundamente Mercedes Saavedra.

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Archivado bajo Marta Fernández

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