El estrés en las aulas universitarias

Marina Giménez

Todas las personas han sentido o han escuchado hablar sobre el estrés. Sin embargo, entre la comunidad universitaria no se presta la atención suficiente, y los estudiantes no están exentos de padecerlo.

Un estudio elaborado por Isabel María Martín, profesora de Psicobiología en la Universidad de Sevilla, refleja que para los estudiantes, la universidad representa un conjunto de situaciones altamente estresantes debido a que el individuo puede experimentar, aunque sólo sea transitoriamente, una falta de control sobre el nuevo ambiente, potencialmente generador de estrés y del fracaso académico universitario.

El estrés es un proceso que se origina cuando las demandas ambientales superan la capacidad adaptativa de un organismo. Mª Carmen Martínez, profesora del departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) y de la Universidad CEU Cardenal Herrera, asegura que esta reacción se acompaña de una serie de emociones negativas, entre las que destaca la ansiedad. “El estrés suele tener como manifestación la ansiedad, en cuyo caso se trata de una respuesta emocional provocada por un agente estresante”, explica.

Aunque a primera instancia parezca que los responsables del estrés entre el alumnado sean los exámenes, un estudio realizado por la Universidad Autónoma de Madrid afirma que no son las situaciones de evaluación las que generan más estrés, sino que éste aparece de forma más intensa en relación con el agobio que provoca la relación cantidad de trabajo/tiempo. “Los estudiantes perciben que tienen muchas cosas por hacer y poco tiempo para hacerlas. Este hecho relacionado de forma indirecta con la evaluación del rendimiento parece generar más estrés que otras situaciones claramente de evaluación como puede ser la propia realización de un examen o la exposición de un trabajo en clase”, apunta el estudio.

Ahora bien, un estudiante no tiene por qué saber que esa ansiedad o agobio que siente en su vida diaria se debe a que padece estrés. Beatriz Bonete, profesora de área de Psicología Básica de la UMH, asegura que “en ocasiones el afectado tiene una visión de túnel, centrándose solo en los eventos estresantes, como puede ser un examen o un trabajo y no se da cuenta de esa situación de estrés que está viviendo”. Por ello es necesario que el afectado sea consciente de lo que le está ocurriendo, ya que cuando alguien experimenta un nivel extremadamente intenso de estrés durante un largo periodo de tiempo “las consecuencias para la salud pueden ser nefastas”, asegura la profesora Beatriz Bonete.

Anna Aznar, psicóloga de la Clínica Universitaria Miguel Hernández , explica que la manera de hacer una aproximación del grado de estrés de un estudiante es mediante cuestionarios. “Yo llevo a cabo cuestionarios donde la temática de las preguntas se basa en las reacciones tanto físicas como emocionales del alumno en los últimos 15 días”. Y añade: “Lo más importante es que el estudiante sea consciente de que está metido en ese círculo estresante. Así el psicólogo podrá aportarle las herramientas necesarias para abandonarlo”.

La profesional explica que es necesario recurrir a ayuda profesional psicológica cuando ese malestar es muy elevado o muy continuado y cuando afecta no solo a nivel de estudios sino también en el ámbito social o familiar.

Cuando el estudiante acude al profesional porque es consciente de su situación, de lo que se trata es de enseñarle a “interpretar los estímulos ambientales de forma diferente”, asegura Mª Carmen Martínez. Y explica: “Para ello el manejo de las emociones es imprescindible. Esto consistiría en aprender a ver las situaciones que desatan la ansiedad de otra manera, así como aprender algunas técnicas que disminuyan los síntomas de la ansiedad”.

En cuanto a las técnicas para el control de la ansiedad existen dos grandes tipos de técnicas: las conductuales y las cognitivas.

Dentro de las conductuales estarían todas aquellas técnicas orientadas a la relajación de la actividad fisiológica (entrenamiento en el control de la respiración, relajación muscular progresiva, imaginación y/o visualización guiada, etcétera). Un ejemplo de ello, explica la profesora Beatriz Bonete, podría ser la parada de pensamiento. “Si la persona tiene pensamientos intrusivos una técnica para evitarlos es llevar una goma en la muñeca y darte un pequeño tirón cada vez que los tengas, visualizar la imagen de un stop o apretar un bolígrafo”, apunta la profesora de la UMH.

Dentro de las cognitivas estarían aquellas orientadas a conseguir que la persona identifique cuáles son los pensamientos que desencadenan sus síntomas de ansiedad y, una vez identificados, que la persona sea capaz de sustituir estos pensamientos intrusivos y automáticos por otros más ajustados a la realidad.

La psicóloga Anna Aznar, comenta que un ejemplo de este tipo de técnicas es cambiar pensamientos como “voy a suspender por qué no he estudiado suficiente”, por otros como “bueno pues a lo mejor no llego a un 10, pero a un 5 si llego”. Sin embargo, la profesional apunta que todas estas técnicas son beneficiosas pero que hay que practicarlas sino no funcionan.

La visión de los estudiantes

El estudiante Alejandro Villalba de 23 años de edad apunta que durante las épocas más estresantes del curso el agobio le afecta principalmente al sueño y a la alimentación. Señala que o duermo demasiado, o por el contrario, duermo muy poco. “Dándole vueltas a todo lo que tengo que hacer, mi cerebro está en constante alerta”, afirma. En cuanto a la alimentación Villalba explica que generalmente “come menos y a deshoras”.

Por su parte, la estudiante Adriana Belmar de 22 años de edad explica que en situaciones de estrés suele tener pequeñas taquicardias paroxísticas, además ve afectado el sueño y su estado anímico durante el día. “Otra de las consecuencias es que pierdo el hambre completamente y hay épocas en las que pierdo peso”, afirma. “El control de la ansiedad por mi sola me cuesta mucho pero es un cosa que estoy aprendiendo”, señala. Por ello, en situaciones estresantes se ayuda de un medicamento. Sin embargo, explica: “Antes de tomarme la pastilla siempre hago unos ejercicios de relajación, de respiración”.

Cansancio extremo, agotamiento físico y mental, sensación de ahogo, dolor de cabeza, falta de apetito o por el contrario ingesta compulsiva de comida. Estos pueden ser algunos de los indicadores que pueden reflejar que el estudiante está sometiéndose a esta reacción fisiológica. Anna Aznar apunta que la autoexigencia del propio estudiante tiene un papel muy importante en el desarrollo del estrés. “Hay personas que se proponen objetivos académicos y por agentes externos no pueden conseguirlos y es aquí cuando se produce la sensación de desequilibrio”, comenta.

En este sentido, la estudiante Laura García de 22 años asegura que uno de los factores que le propician el estrés académico es la frustración de no haber conseguido un objetivo que quería lograr y eso le genera una pérdida de autoestima y fuerza para continuar intentándolo. “Al estar dándole vueltas a que no lo he podido conseguir me provoca más estrés y se convierte en la pescadilla que se muerde la cola”, apunta.

El estudio elaborado por Isabel María Martín refleja la insuficiencia de investigaciones en las que el estrés académico es tenido en cuenta. “Es necesario prevenir o incluso amortiguar los efectos del estrés en estudiantes” explica el estudio. Y amplía: “Aunque pueda parecer para algunos un fenómeno sin importancia en comparación con otros éste se encuentra bastante relacionado con alteraciones indeseables, como los fallos de memoria en el momento justo de realizar una prueba estresante, o fallos en el proceso mismo de aprendizaje”. Anna Aznar por su parte se muestra de acuerdo con esta idea y pone de manifiesto la necesidad de desarrollar campañas de prevención del estrés dentro de la universidad. “Es preciso que los alumnos tengan la suficiente información sobre esta problemática y sepan que en la Unidad de Terapia de Conducta de la Clínica Universitaria Miguel Hernández les pueden ayudar”, apunta.

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