Desahucio emocional y social

La crisis está aumentando los embargos por impagos de hipotecas pero, ¿qué efectos hay detrás?

Marta Fernández Jiménez

Hubo una época de efervescencia económica en España en la que los bancos prestaban créditos sin miramientos, para que la gente pudiese pagar las desorbitadas hipotecas que ofrecían. Actualmente, con un 22,85% de paro según el INE, muchas personas han dejado de poder pagar su casa, y por ello, el drama de los desahucios aumenta cada día a pasos agigantados. Sin ir más lejos, según datos del Consejo General del Poder Judicial, el año 2011 acabó con una subida del 23% de los desahucios en Alicante respecto al año anterior. Además se calcula que a nivel nacional, se procesaron alrededor de 58.241 embargos, situándose la Comunidad Valenciana a la cabeza con 13.711 desahucios durante el año pasado. Pero las alarmantes cifras desentrañan un problema social que conlleva consecuencias personales y sociológicas para los afectados, que conducen a la exclusión social.

El hecho de quedarse sin hogar implica una serie de secuelas psicológicas para los afectados, ya que el tener una vivienda tiene un gran significado para el ser humano.

Para comprender el alcance de estas consecuencias hay que partir de que la vivienda es un concepto que se desarrolla desde la infancia de las personas. Ricardo Bencomo, psicólogo y profesor de la Universidad Miguel Hernández, declara que la noción de hogar se va desarrollando progresivamente en la mente como algo seguro, permanente y agradable. “La sensación de seguridad es especialmente importante y no sólo se refiere a que en casa no te puede pasar nada malo, sino a que en ella experimentas cierto grado de control sobre tu vida y los acontecimientos que te rodean”, explica.

Por tanto, cuando ocurre un desahucio, la estabilidad                                                                 y la seguridad personal se ven amenazadas precisamente porque alguien ajeno al hogar, interrumpe ese concepto que se aprende desde la    niñez y que la sociedad refuerza.  “La vivienda pasa de ser un espacio permanente y seguro, a no existir. Los afectados expresan una intensa angustia por perderlo todo, sienten incertidumbre por el futuro y una profunda impotencia”, comenta el experto.

Pero un desalojo no ocurre de la noche a la mañana, es un largo proceso en el que los afectados luchan con todos sus medios por evitarlo, medios que cada día van mermando. Según cuenta el psicólogo Ricardo Bencomo: “Esto genera una situación de estrés que prolongada en el tiempo favorece la aparición de dolencias físicas o agravan enfermedades ya existentes”.

La angustia y la ansiedad aumentan en la medida que los afectados intentan nuevas formas de frenar el descenso de los ingresos y se intensifica en el momento de no poder pagar la próxima letra. En ese momento se suma el miedo a las demás cargas psicológicas que soportan quienes luchan por mantener su vivienda. José Alfonso Pérez, psicólogo y profesor de la UMH, asegura que la tensión se incrementa cuando la persona recibe la carta de advertencia del banco y este hecho es muy importante desde punto de vista psicológico. El profesor argumenta que esto se debe a que los métodos y estrategias empleados para intentar salvar la casa han fracasado, lo cual es un duro golpe respecto a la percepción personal de capacidad y autoeficacia.

Las secuelas personales

Pérdida de la confianza en uno mismo, sensación de desamparo, impotencia, rabia, tristeza, ansiedad, negación (no puede estar ocurriendo) y percepción de fracaso. Estos son los efectos negativos que según el psicólogo José Alfonso Pérez, pueden desarrollar quienes finalmente pierden su casa. “Es frecuente que desarrollen algún tipo de Trastorno Afectivo (depresión) y Trastornos de Ansiedad, también sufren de Trastornos del Sueño, problemas de pareja y relaciones sociales disminuidas”, añade. La experiencia de un desahucio genera una perturbación emocional importante, ya que atenta contra un concepto que implica mucho más que el elemento material

Pero las consecuencias de este fenómeno que tanto ha aumentado en España durante los últimos años, no se quedan en el aspecto psicológico de los damnificados. A nivel social también supone un hecho que está causando cambios sustanciales. Francisco Francés, sociólogo y profesor del área de Desigualdad Social en la Universidad de Alicante, afirma que es una situación que está empezando a afectar a personas con una trayectoria totalmente normalizada. El especialista asegura: “Los protagonistas de los desahucios ya no son los sectores sin recursos de la sociedad, sino la clase media que ha trabajado durante toda su vida”.

Sin embargo, Francés opina que en España la única razón por la que la situación de desahucios todavía no ha llegado a un nivel escandaloso es que las redes familiares apoyan a los afectados. “Por eso es un problema que no solo afecta a los desahuciados, sino también a sus familiares que los acogen y les prestan ayuda económica”, expresa el sociólogo.

De igual forma, las expropiaciones por impago de hipotecas, están causando una reestructuración territorial en la sociedad española que se traduce en un éxodo urbano. El experto Francisco Francés afirma que esta situación “está afectando a los procesos de ordenamiento geográfico ya que en muchos casos, las personas que se quedan sin hogar y sin trabajo, regresan al ámbito rural para buscar una salida”.

Se puede considerar que tener un techo donde vivir, es lo que mantiene a las personas integradas con el resto de la sociedad. Daniel La Parra, sociólogo y profesor de la Universidad de Alicante, afirma que cuando una persona es desalojada de su casa, se produce una rotura de sus redes de identidad, produciéndose una reconstrucción traumática de su vida. El experto explica: “Al perder la identificación de un lugar propio, del entorno y el trabajo, se produce una ausencia de formar parte de los espacios vitales de la colectividad”. Todo esto, según cuenta el sociólogo, conlleva a una situación de exclusión y aislamiento que va más allá de la pobreza y se agrava con la dificultad que supone en la actualidad reinsertarse en el circuito social.

Asimismo, La Parra afirma que en muchos casos perder la vivienda supone problemas en las estructuras familiares que pueden causar la rotura de este núcleo. “La frustración que provoca en los sujetos puede conllevar a tensiones entre parejas que culminan muchas veces en la disgregación de los padres”, aclara.

Desde Stop Desahucios del 15-M, ADICAE y GADES, apoyan y asesoran a las víctimas de los embargos. En la ciudad de Alicante han conseguido frenar cuatro desalojos, pero sobre todo su trabajo se basa en negociaciones normalmente entre bancos y afectados. Daniel Fernández, abogado activista de Stop Desahucios comenta: “Siempre intentamos obtener un trato que sea beneficioso para los damnificados, una salida, pero cada persona tiene una necesidad diferente”.

Para el jurista, la dación en pago aprobada recientemente por el Gobierno no representa una solución, en primer lugar porque exige requisitos excesivos y sobre todo porque son los bancos los que voluntariamente escogerán aplicarla. “La ley siempre favorece a los bancos, es una relación totalmente asimétrica en la que siempre pierden los deudores”, afirma el profesional.

Es más, según el abogado: “Son las entidades bancarias quienes tienen gran responsabilidad de la actual situación de embargos, ya que durante la burbuja inmobiliaria hacían préstamos sin realizar ningún tipo de filtro y ahora se debería exigir que ofrezcan soluciones eficaces y adaptadas a cada caso”. Porque como explica el abogado, no todas las personas necesitan una dación en pago, sino que existen otras soluciones que no implican perder la casa como reajustar la hipoteca para pagar menos al mes, o una moratoria, es decir, suspender el pago durante 1 ó 2 años mientras los afectados arreglan su situación económica.

Este escenario que está afectando cada vez a más ciudadanos de España supone una problemática social de difícil solución, pero que pone de manifiesto la necesidad de implantar mecanismos por parte del Estado que según el sociólogo Francisco Francés: “Se ha desvinculado totalmente de la problemática y no ofrece un derecho real de las personas a la vivienda, ya que los que están siendo desahuciados quedan al margen del sistema”.

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