Un problema sin resolver

En el Siglo XXI todavía se dan los roles sexistas entre los más jóvenes

Marina Giménez

El 32% de los adolescentes entre 13 y 18 años acepta determinadas situaciones sexistas. Éste es uno de los datos que se puede extraer del estudio realizado por el Ministerio de Igualdad y la Universidad Complutense de Madrid. Esta cifra refleja que la protección intermedia que tienen los chicos frente a la violencia de género es menor que la de las chicas con un 18’9%. Una consolidada inteligencia emocional y un trabajo educativo específico son las herramientas más efectivas para contrarrestar estas desigualdades entre sexos, heredadas de los padres en la mayoría de ocasiones.

La sociedad actual todavía tiene una asignatura pendiente: erradicar los rasgos sexistas de antaño. El movimiento feminista lucha desde hace décadas para conseguir una mayor igualdad entre hombres y mujeres. Muchas de las asociaciones vinculadas a esta corriente ideológica trabajan con los más jóvenes. Su labor principal es evitar que se desarrollen en ellos nuevas actitudes sexistas y eliminar las que ya tienen inculcadas socialmente. Además, son los adolescentes, los poseedores del futuro, los que tienen en sus manos inculcar valores igualitarios en las generaciones venideras.

En Alicante una de las entidades que lucha para fomentar el cambio de actitudes y erradicar las desigualdades entre los adolescentes es la Asociación Dona Jove. A partir de los programas que desarrolla en institutos y universidades se extraen resultados positivos aunque “nos damos cuenta de que una gran cantidad de jóvenes ha visto en alguna pareja la violencia de género, la ha padecido o la está padeciendo. Con lo cual, solemos abrirles un poco los ojos ante este problema”, añade Rebeca Gómez, una de las coordinadoras de Dona Jove.

Gelen Navas, coordinadora de esta Asociación, explica que gracias a la influencia del movimiento feminista se han conseguido logros de trascendental importancia como el voto femenino, la igualdad ante la ley o los derechos reproductivos, entre otros. Sin embargo, “no debemos caer en el error de pensar que hoy en día hay una igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres”, asegura Navas. La razón es que “venimos de un sistema patriarcal impuesto y mucho más arraigado sobre el que todavía hay que plantearse numerosos cambios para poder alcanzar una igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres”, afirma.

La sociedad ha evolucionado pero se sigue apreciando desigualdades entre los adolescentes. Este hecho se aprecia en que las “las mentalidades no han evolucionado tanto como pudiera parecer”, explica Ana Dolores Verdú, antropóloga e investigadora de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH). Verdú afirma que a esta idea se añade que en la cultura tienen reflejo nuevas formas de desigualdad que afectan muy especialmente a la población más joven. La razón es que ellos están “expuestos a todas las ideologías de género que se difunden a través de los medios de comunicación y del ocio que consumen sin tener todavía herramientas personales suficientemente desarrolladas para enfrentarse de forma crítica a lo que se presenta como una realidad dominante”, explica la profesional.

 

De dónde venimos

La lucha por la igualdad entre sexos se remonta siglos atrás. Durante el  Antiguo Régimen la desigualdad jurídica y la ausencia de derechos políticos y libertades de los miembros de la sociedad era la norma. En el caso de las mujeres se le unia, aparte de todo lo anterior, una función social circunscrita a lo doméstico, a las labores de la casa, de la procreación y del cuidado de los hijos; y su subordinación legal al hombre, padre o esposo.

Gracias a la Revolución Francesa (1789) y las demás revoluciones liberal-burguesas la voz de las mujeres empezó a expresarse de manera colectiva a favor de la igualdad jurídica, las libertades y derechos políticos. Nacía así el movimiento sufragista. Sin embargo, no fue hasta finales de los años sesenta cuando la causa feminista renació con unos propósitos mucho más amplios y complejos que los de sus antecesoras, las sufragistas. Las “nuevas feministas” aspiraban a que las mujeres gozasen de iguales derechos en la esfera pública, pero daban un salto cualitativo al proponer un cambio radical en la relación entre hombres y mujeres, en la constitución misma de la identidad personal y en la de la célula social básica que regula esos procesos: la familia.

“Esta larga tradición de desconsideración de lo femenino ha creado un clima de opinión que se extiende hasta nuestros días, persistiendo todavía muchos mitos, prejuicios, ideas falsas e irracionales acerca de la personalidad femenina, que la teoría feminista viene combatiendo desde hace mucho tiempo”, explica José Antonio Giménez, responsable de la asignatura de Historia Universal Contemporánea de la UMH. Y añade: “Son muy difíciles de impugnar por formar parte del conocimiento simbólico de la sociedad, del acervo de conocimientos de las personas y por ser creencias colectivas, compartidas por diversas clases o grupos sociales”.

A dónde vamos

La larga lucha feminista no ha perdido fuerza y en la actualidad uno de sus objetivos es la erradicación de las desigualdades entre los más jóvenes. El objetivo es que no se desarrollen actitudes desiguales. Las situaciones de sexismo en parejas adolescentes pueden llegar a niveles de maltrato, según explica el trabajo Parejas adolescentes, galardonado en 2008 con el II Premio en Investigación de Género para Estudiantes de Bachillerato y Ciclos Formativos de la Provincia de Alicante. La prevención en estos casos es la herramienta más valiosa para eliminar los roles sexistas con los que conviven los jóvenes hoy en día.

El hecho de haber trabajado en clase específicamente el problema de la violencia de género, y que dicho trabajo tenga un suficiente impacto como para ser recordado, disminuye la probabilidad de que se desarrolle estas situaciones, según explica el estudio realizado por el Ministerio de Igualdad y la Universidad Complutense de Madrid. Además, la investigación señala que la edad adecuada para comenzar estos trabajos específicos a los 13 años (cuando los jóvenes empiezan a tener relaciones de pareja) y pone de manifiesto la importancia de la involucración tanto de la familia como del resto de la sociedad. De igual forma, es fundamental que los profesores se impliquen ya que según el estudio de Igualdad el 60% del profesorado de secundaria no trata este tema en clase por la falta de relación del tema con el contenido de su asignatura.

La eficacia de este tratamiento específico reduce las principales condiciones de riesgo: la justificación de dicha violencia, la influencia de los consejos recibidos, así como la tendencia a minimizar el maltrato que se expresa en forma de abuso emocional, como suelen ser las primeras manifestaciones de la violencia de género en la pareja desde la adolescencia.

La antropóloga Verdú afirma que la inteligencia emocional es la clave para mantener relaciones fructíferas e igualitarias y señala que la inclusión de los Estudios de Género nuevos Planes de Estudio también tiene un papel muy importante. “Los Estudios de Género han contribuido de forma importantísima al enriquecimiento de la teoría de las ciencias sociales y humanas, así que lo que no consigo entender es cómo puede si quiera existir un debate en torno a esta cuestión”, afirma Verdú.

Aclaración terminológica relacionada con el reportaje.

Despiece 1: Entrevista a Antonio Sempere.

Despiece 2: “La publicidad aunque sea mala también es publicidad”.

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