España pierde su talento

Cada vez emigran más españoles y la mayoría de ellos son jóvenes entre 25 y 35 años con alta cualificación, el nuevo flujo migratorio puede tener una serie de consecuencias económicas y demográficas para el país

A causa de la crisis, los flujos migratorios de España están cambiando. De ser un país que recibía inmigrantes, se vuelve a la tendencia tradicional de ser emisor de españoles.  Según el informe Adecco de Movilidad Internacional desde principios de 2008 hasta el cierre de 2011 se ha incrementado en un 25,6% el número de españoles mayores de edad residentes en el extranjero. En la actualidad representan 1.509.333. Además, según este informe el perfil del demandante de empleo en el extranjero es un joven de entre 25 y 35 años, altamente cualificado y sin cargas familiares. El nuevo flujo migratorio lo protagonizan los famosos jóvenes más preparados de la historia de España, y esto puede suponer una pérdida importante para el país. Esta “huida” del talento de España influirá a la larga en aspectos económicos, políticos y demográficos.

Es obvio que la emigración en España no es un fenómeno nuevo. Sin embargo esta oleada migratoria sí que tiene una característica respecto a las anteriores: la alta cualificación de quienes se van. “Los movimientos migratorios que sirven como antecedentes en España, siempre la han protagonizado la población sin formar”, afirma Irene Belmonte, profesora de la asignatura Análisis del Entorno en la Universidad Miguel Hernández. A principios del siglo XX emigraban los campesinos en su mayoría vascos y gallegos sobre todo a América del sur emigraron por motivos económicos.

Es cierto que “después de la Guerra Civil sí que hubo un exilio de estudiosos y gente preparada y España se quedó desértica de riqueza intelectual”, declara Belmonte. La diferencia es que en aquellos emigrantes fueron muy pocos en comparación a la actualidad.

En la anterior oleada migratoria de los años 60 y 70 coincidiendo con la crisis del petróleo, “los españoles que emigraban a Europa acababan realizando las tareas de la industria y del campo que no querían realizar el resto de europeos”, según comenta Irene Belmonte. Esto se debía a su perfil de emigrantes sin cualificación, en su mayoría campesinos y obreros sin formación.

Sin embargo, actualmente la generación que emigra es la que mayor acceso a la educación ha tenido y la que ha conseguido una cualificación sin precedentes en España. “La emigración en un país no le causa ningún bien, ya que la visión darwinista de la emigración afirma que siempre se van los más jóvenes, capaces y preparados”, explica Belmonte. Si a esto se le suma que son los jóvenes con más estudios hasta el momento, puede ser un drama. José Ramón Pin, economista y profesor de la IESE Business School de Navarra argumenta que uno de los problemas es que la formación acumulada no está relacionada con el trabajo. Por tanto, España falta un verdadero sistema dual en el que las empresas estén implicadas en las carreras de los estudiantes, y en el que éstos tengan verdaderas prácticas en ellas adquiriendo las capacidades propias de un trabajo de su especialidad

Pero cuando el mercado de un país no puede absorber a sus trabajadores, no queda otra salida que salir en busca de nuevas oportunidades. En España el dentro del los casi cinco millones de parados según el INE, la mitad son jóvenes menores de treinta años. Algunos se atreven a decir que sobran personas cualificadas, pero “eso es absurdo, nunca sobra formación”, declara Irene Belmonte. El problema es que la estructura laboral de España no tiene capacidad para crear puestos de trabajo cualificados.

Por ello, a corto plazo, que los jóvenes emigren no es algo negativo, ya que es la única salida que pueden darle a sus estudios. José Ramón Pin, opina que es incluso beneficioso, ya que el retorno de personas con buenas experiencias, relaciones en el exterior e incluso capital para invertir, puede ser beneficioso para la economía. Sin embargo, añade que el problema es a corto y medio plazo, porque estas personas dejan de producir y consumir en el país.

No hay que olvidar que la formación de la generación más preparada de la historia de España es un gasto considerable. Una inversión que no se amortiza cuando los jóvenes terminan trabajando en otro país. Miguel Ors, profesor de Historia de la Universidad Miguel Hernández afirma que si no se consigue que los jóvenes vuelvan, España perderá una inversión en capital humano de miles de euros. Si las personas con estudios no producen para el país que ha hecho el esfuerzo de formarles, la economía puede resentirse.

Además, la falta de mano de obra cualificada en un futuro, “puede suponer el estancamiento continuado de la economía española”, comenta José Ramón Pin. Así, España corre el peligro de entrar en un círculo vicioso del que será difícil salir sin personas suficientemente cualificadas y preparadas para salir adelante. No será por la falta de cualificación, sino por la escasa valoración que recibe esta generación mejor preparada. Miguel Ors asegura que hay miles de jóvenes en España que para conseguir un trabajo relacionado con sus carreras, están sometidos a una verdadera explotación y son los perpetuos becarios. La crisis no hace más que fomentar esta situación por la que muchos jóvenes españoles se ven obligados a pasar.

A largo plazo, si esta generación de jóvenes preparados emigrantes, no  se siente incentivada para volver, también acarreará consecuencias demográficas. En un país cada vez más envejecido, el hecho de que sus jóvenes emigren y muchos no vuelvan puede traducirse en la dificultad de sostener el sistema de pensiones. “Cuando la generación de babyboom nos tengamos que jubilar, es posible que haya un salto generacional en las contribuciones para las pensiones”, asegura Irene Belmonte. . Los ingresos de los trabajadores no conseguirán cubrir las cantidades devengadas por los jubilados. Según José Ramón Pin esto puede desembocar en un recorte importante de las pensiones del futuro, ya que hay que tener en cuenta que las personas preparadas aportan más al fondo de reparto.

Otra posible consecuencia directa de este flujo migratorio de personas preparadas será la falta de emprendedores y de inversión en investigación, lo cual, “supondrá menos creación de empleo si cabe”, afirma José Pin. Si la inversión en I+D+I en España ha sido costosa hasta el momento, con la crisis se realentizará todavía más. Además las condiciones de trabajo que tienen los investigadores en España, también está provocando la fuga de cerebros en este campo. “Un científico español se planta con 35 años sin haber cotizado y sin una estabilidad laboral”, comenta Miguel Ors. La migración de los científicos a otros países en los que se sienten mejor valorados puede suponer un estancamiento en el I+D+I que tanto necesita España.

Porque del I+D+I, parte un camino viable para empezar a solucionar la situación. “Es necesario invertir en puestos de trabajo cualificados y no basar la economía en actividades que requieran mano de obra sin formar”, comenta José Ramón Pin. Y añade que para ayudar a salir de la crisis absorber el stock de jóvenes preparados, también se debería flexibilizar la economía y facilitar la creación de empresas para que ellos mismos puedan crear sus puestos de trabajo.

Si la situación económica mejora, es factible que los flujos migratorios vuelvan a cambiar, “sobre todo en una sociedad tan globalizada como la nuestra”, comenta Irene Belmonte. Por tanto, aunque muchos jóvenes harán sus vidas en su nuevo país, cuando la economía se reactive puede que haya un retorno de parte de esta generación más preparada de la historia. Mientras tanto, los que se quedan en España deben “ocupar el país, en el sentido de ocupar la política y empezar a tomar decisiones que les atañan”, afirma Miguel Ors. Hay que mentalizarse de que el cambio está en manos de estas generaciones que se están yendo y que es necesario luchar para solucionar la difícil situación por la que atraviesa España.

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Archivado bajo Marta Fernández

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